sábado, 7 de octubre de 2023

[8] ENQUIRIDIÓN,

 

ENQUIRIDIÓN


 

El Enquiridión son las clases de Epicteto recogidas por su alumno Arriano en el año 108 después de Cristo.

1

LA DICOTOMÍA DEL CONTROL

En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen; nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones.

Las cosas que no dependen de nosotros son: el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción.

2

Recuerda pues que: el objeto de tus deseos, es obtener lo que tú deseas, lo que anhelas; tú no te lamentarás de nadie; no acusarás a nadie, no harás nada, ni siquiera la cosa más pequeña, sin que corresponda a tú deseo; entonces, nadie te hará mal, y no tendrás enemigos, pues nada que no desees te motivará.

3

 Ante cada una de las cosas que te divierten, que sirven para tus necesidades, o que amas, no olvides decirte a ti mismo lo que ellas verdaderamente son 3. Incluso para las cosas más insignificantes. Si amas un cántaro, dítelo, que amas un cántaro; y si él se estropea, tú no te perturbarás. Si amas tu hijo, o tu mujer, dítelo a ti mismo que amas a un ser mortal; que, si acaba por morir, no te turbaras.

4

Cuando estés por emprender alguna cosa, pon en tu pensamiento lo que para ti es la cosa que tú vas a hacer. (Tener en cuenta los imprevistos y actuar ante ellos sin alterarse para conservar la libertad.)

5

 

Lo que turba a los hombres no son las cosas, sino las opiniones que de ellas se hacen. Por ejemplo, la muerte no es algo terrible, pues, si lo fuera, a Sócrates le hubiera parecido terrible ; por el contrario, lo terrible es la opinión de que la muerte sea terrible. Por lo que, cuando estamos contrariados, turbados o tristes, no acusemos a los otros sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones.

6

No te jactes de ningún mérito ajeno.

7

No pidas que las cosas lleguen como tú las deseas, sino deséalas tal como lleguen, y prosperarás siempre.

8

No pidas que las cosas lleguen como tú las deseas, sino deséalas tal como lleguen, y prosperarás siempre.

9         

La enfermedad es un obstáculo para el cuerpo, pero no para la voluntad, a menos que ésta esté debilitada.

10

En cada cosa que se presente, recuerda entrar en ti mismo y buscar allí alguna virtud que tengas para hacer uso adecuado de este objeto.

Si así te acostumbras a desplegar, en cada accidente, la virtud que la naturaleza te ha dado para el combate, tus fantasías no te cautivarán nunca.

11

Nunca digas respecto a nada “Lo he perdido”, sino “Lo he devuelto”.

12

Si quieres progresar en el estudio de la sabiduría deja razonamientos como estos: “Si descuido mis negocios, pronto estaré arruinado y no tendré de qué vivir; si no llamo la atención a mi empleado se tornará perezoso” Pues vale más, morir de hambre

13

Si quieres no frustrar tus deseos, tú puedes: sólo desear lo que depende de ti.

El único Amo es el deseo.

14

Recuerda que debes conducirte en la vida como en un banquete. ¿Un plato ha llegado hasta ti? Extiende tu mano sin ambición, tómalo con modestia. ¿Se aleja? No lo retengas.

15

Acuérdate que eres actor en una obra teatral, larga o corta, en que el autor ha querido hacerte entrar.

16

 Tú puedes ser invencible, si no te enganchas en combate alguno cuya victoria no dependa de ti.

17

Que de la muerte y el exilio y de todas las otras cosas que parecen terribles seas de ellas consciente, sobre todo de la mortalidad, y tu no darás cabida a bajos pensamientos, y no desearás nada con ardor.

18

Quieres devenir filósofo. Prepárate desde ahora a ser ridiculizado y persuádete de que las gentes ordinarias quieren de ti burlarse y decirte: “!De un día para otro se volvió filósofo. ¿De dónde acá tanta arrogancia?!”.

 

 

19

Recuerda que, si perseveras en tus propósitos, aquellos que en principio se burlaron de ti, enseguida te aceptarán; mientras que, si cedes a sus insultos, serás doblemente burlado.

20

En todo asunto, antes de emprenderlo, mira bien lo que lo precede y lo que le sigue, y sólo después de tal examen, empréndelo.

21

 El deber se mide, en general, por la relaciones en las que encontramos nuestro lugar.

22

Guarda frecuente silencio, no digas más que las cosas necesarias, y dilas en pocas palabras.

23

En lo que respecta al cuerpo, sólo usa lo estrictamente necesario cuando las necesidades del alma lo demanden, por ejemplo; el alimento, el vestido, el techo, la servidumbre. Y excluye lo que lleve a ostentación o molicie.

24

Si tomas cualquier rol superior a tus fuerzas, has procedido torpemente, a la vez que desechaste el que habrías representado bien.

25

Si te sirves bien de esta regla, soportarás pacientemente a quienes de ti mal hable; pues a cada injuria, no dejarás de decir: “él cree tener razón”.

26

Cada cosa tiene dos asas: una, por la que es llevadera, la otra, por la que no lo es.

 

27

 

 

No te llames filósofo, ni hables bellas máximas ante los profanos; sino haz lo que tales máximas prescriben. Por ejemplo, en un festín, no digas cómo hay que comer, sino come hay que hacerlo.

28

Si se da la ocasión de hablar de cosas bellas entre profanos, guarda silencio.

29

Si te has acostumbrado a llevar una vida sencilla y a dominar tu cuerpo, no te envanezcas por ello, y, si no bebes sino agua, no andes diciendo a cada momento que tu no bebes sino agua.

30

Es así como Sócrates alcanzó la perfección, sirviéndose de todas las cosas para su progreso, y no siguiendo sino la razón. Por ti, aun cuando aún no seas como Sócrates, debes vivir como alguien que puede llegar a ser como él.

 

 

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