CÓMO
SER UN ESTOICO (2018)
Edgardo RafaelMalaspina Guerra
Massimo
Pigliucci, filósofo y biólogo italo-americano , llegó al estoicismo luego de
que murió su padre. Buscaba consuelo y lo encontró en esta filosofía. El
filósofo hispano-venezolano Juan David García Bacca afirma que llegamos a la
filosofía cuando nos pasa “algo gordo”, entendiendo esa expresión como una
tragedia íntima.
En
este libro Pigliucci da recomendaciones para practicar el estoicismo, y fundamenta sus consejos en una supuesta conversación
sostenida con Epicteto. Pero también cita a una serie de personajes , antiguos
y modernos, que han profesado y desarrollado el estoicismo.
De
entrada, Pigliucci advierte : “Pese a lo que se suele pensar, el estoicismo no
consiste en suprimir u ocultar nuestras emociones, sino en reconocerlas,
reflexionar sobre lo que las causa y reconducirlas para nuestro propio bien. Lo
que lo convierte claramente en una filosofía práctica”.
El
lenguaje de nuestro tiempo es breve y está estructurado por la gran cantidad de
información vaciada sobre los diferentes medios comunicacionales de internet .
Por eso Pigliucci rescata el aforismo de los estoicos “porque estas frases
cortas son con frecuencia superficialmente paradójicas y se pueden tomar en
algunas de las siguientes dos formas. Por un lado, como una fuente perenne de frustración,
porque los estoicos se tienen que dar constantemente explicaciones a todos los
que siguen malinterpretando de qué trata su filosofía y, por el otro lado, como
una oportunidad para un momento didáctico: preguntado sobre una de estas
«paradojas», el estoico tiene la oportunidad perfecta para pasar de la pegatina
del parachoques a, por lo menos, el nivel de una conversación de ascensor, que
parece que es lo máximo que permiten la mayor parte de las conversaciones
modernas, ya sea en persona o a través de las redes sociales”.
EJERCICIOS
ESPIRITUALES Y PRÁCTICOS.
1
La
virtud es el mayor bien y todo lo demás es indiferente.
Los estoicos obtuvieron la primera parte de Sócrates, que planteó que la virtud
es el mayor bien porque es la única cosa que tiene valor en todas las circunstancias
y que nos ayuda a usar adecuadamente cosas como la salud, la riqueza y la
educación.
2
Siga
a la naturaleza. Es decir, aplique la razón a la vida
social.
3
Dicotomía
del control. Algunas cosas están bajo nuestro control
y otras no lo están (aunque podamos influir en ellas). Si estamos lo suficientemente
sanos desde el punto de vista mental, nuestras decisiones y comportamientos
están bajo nuestro control. Todo lo demás está fuera de nuestro control.
Deberíamos preocuparnos de lo que está bajo nuestro control y tratar todo lo
demás con ecuanimidad.
LAS
CUATRO VIRTUDES ESTOICAS
1
Sabiduría
(práctica): navegar por situaciones complejas de la mejor manera posible.
2
Valor:
hacer lo correcto, tanto física como moralmente, en cualquier circunstancia.
3
Justicia:
tratar a todos los seres humanos —sin importar su situación en la vida— con
justicia y amabilidad.
4
Templanza:
ejercer la moderación y el autocontrol en todas las esferas de la vida.
LOS
DOCE EJERCICIOS DEL ENQUIRIDIÓN DE EPICTETO.
1
Dicotomía
del control:
Examinar
nuestras impresiones. “¿Esto es algo que
está o no bajo mi control?”. Si no es una de las cosas que controlas, estate
preparado con la reacción “Entonces esto no es de mi incumbencia.
2
Recordar
la fugacidad de las cosas.
3
La
cláusula de reserva o pensar en los imprevistos. Siempre
que planifiques una acción, practica mentalmente lo que el plan implica.
4
¿Cómo
puedo usar la virtud aquí y ahora? Para cada desafío, recuerda los recursos que tienes dentro de ti
para enfrentarte a él. Provocado por la visión de un hombre guapo o de una
mujer hermosa, descubrirás en tu interior el poder contrario del autocontrol.
Enfrentado al dolor, descubrirás el poder del aguante. Si te insultan,
descubrirás la paciencia.
5
Hacer
una pausa y respirar hondo. Recuerda, no es suficiente con que
te golpeen o insulten para que te hieran, debes creer que van a herirte. Si
alguien tiene éxito en provocarte, date cuenta de que tu mente es cómplice de
la provocación. Esa es la razón por la que resulta esencial que no respondamos
impulsivamente a las impresiones; tómate un momento antes de reaccionar y
descubrirás que es más fácil mantener el control.
6
Alterizar. Podemos
familiarizarnos con la voluntad de la naturaleza al recordar nuestras
experiencias comunes. Cuando un amigo rompe un vaso, decimos rápidamente “Oh,
mala suerte”. Entonces resulta razonable que cuando se rompe uno de tus vasos
lo aceptes con el mismo espíritu paciente. Pasando a asuntos más serios: cuando
muere la esposa o el hijo de alguien, todos decimos rutinariamente: “Bueno, eso
forma parte de la vida”. Pero si está implicado alguien de nuestra familia,
entonces pasamos al “¡Pobre, pobre de mí!”. Haríamos mejor en recordar cómo
reaccionamos cuando una pérdida similar afligió a los demás.
7
Hablar
poco y bien. Deja que el silencio sea tu objetivo en
la mayoría de las ocasiones; di solo lo que sea necesario y sé breve.
8
Elegir
bien la compañía. Evita fraternizar con no filósofos. Pero
si tienes que hacerlo, ten cuidado de no bajar a su nivel; porque, sabes, si un
compañero es sucio, sus amigos no pueden evitar ensuciarse un poco, sin importar
lo limpios que estaban al principio.
9
Responder
a los insultos con humor. Si te enteras de que alguien está hablando
mal de ti, no intentes defenderte de los rumores; en su lugar responde: “Sí, y
él no sabe ni la mitad, porque podría haber dicho más”.
10
No
hablar demasiado de nosotros mismos. En tu conversación, no te
detengas demasiado en tus logros o aventuras. Solo porque te guste contar tus
gestas no significa que los demás obtengan el mismo placer de escucharlas.
11
Hablar
sin juzgar. Algunos se bañan con prisa; no digas que se bañan mal,
sino con prisa. Alguien bebe mucho vino; no digas que bebe mal, sino mucho.
Mientras no conozcas sus razones, ¿cómo puedes saber que sus acciones son
malas? Esto evitará que percibas una cosa con claridad, pero después expreses
algo diferente,
12
Reflexionar
sobre nuestro día. No admitas el sueño en tus tiernos párpados
hasta que hayas evaluado cada uno de los hechos del día: ¿cómo he errado, ¿qué
he hecho o dejado de hacer? Empieza así y revisa tus actos y entonces por los
actos infames amonéstate, por los buenos alégrate.
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